13 jun. 2010

Ayer y hoy


Heidentor. Ruinas romanas de Carnuntum, Baja Austria.

El paraje de la fotografía es hoy un apacible campo de cultivo, donde los turistas eslovacos se acercan a pasear por las ruinas de la antigua ciudad romana de Carnuntum. Aquí aparece uno de los arcos derruidos de la Heidentor, una gran puerta monumental que en la época de Marco Aurelio debió de ser magnífica. Ya no quedan mármoles, ni estatuas, y el Danubio, antaño la frontera norte del Imperio Romano, ya no es el límite de nada.


Anfiteatro. Ruinas romanas de Carnuntum, Baja Austria.

Carnuntum y sus villas, sus calles y arcos triunfales, ya no existen... El anfiteatro está incadido por un mullido prado en el que unos descarados y simpáticos Ziesel se pasean observando a los caminantes, a la espera de que en un descuido se dejen un trocito de comida. Prados con ruinas romanas, flores amarillas de colza, ardillas terrestres y turistas eslovacos. Tarde de primavera, difícil imaginar las huestes de Atila cruzando el Danubio.

4 jun. 2010

Dicha de vivir



Volar es uno de los viejos sueños de la humanidad. La niña que aparece en esta foto parece haberlo conseguido repentinamente una mañana de domingo en un tiovivo, de ahí su alegría. Abre los brazos y siente cómo el aire le hace cosquillas, está a punto de despegar, hacia dónde irá?



Todavía es pronto para saberlo. Puede que su camino sea una escalera hacia arriba, o puede también que en algún momento se tuerza y la conduzca a algún agujero sin salida. Todos conocemos personas cuya senda, a veces inexplicablemente, parece estar sembrada de flores. Otras, demasiado a menudo injustamente, no encuentran en su camino más que penas y espinas. Pero lo más probable es que esta niña no vaya hacia ningún lado, sino que avance serpenteando sin grandes cuestas ni valles... Un camino hacia un lugar indeterminado y neblinoso llamado "adelante", "futuro" o simplemente "la vida". Sin penas ni alegrías excesivas. Ésa parece haber sido la senda por la que ha caminado el hombre de la foto. Es el encargado del tiovivo. Está y a la vez no está allí. La alegría de los niños lo rodea, pero él es impermeable a ella. No les habla, no los mira, para él sólo son muñecos que hay que atar bien al columpio. Los ignora, tal vez no tenga hijos... O tal vez sí, y sea precisamente ésa la causa de su desencanto. La dicha de vivir es un líquido extraño que se evapora rápidamente, como el alcohol, el benceno o el cloroformo.