15 oct. 2009

Sueños de verano

Sueños
Sueños I

Me pongo el cojín pequeño detrás de la cabeza para que el gotelé de la pared no me haga daño en la coronilla y cierro un momento los ojos. Estoy cansado, pero hay aún tantas cosas que hacer... “Debería levantarme ahora mismo”, dice el Pedro diligente al lado vago de Pedro. “Siempre estás igual, dices que cinco minutos y al final es una hora”. Hace un calor asfixiante que el ventilador no logra aplacar. “Sólo una siesta de cinco minutos”. El vago se rebela momentáneamente, y como el diligente también está agotado, esa personalidad coral y caótica que es el Pedro físico llega a un súbito acuerdo interno: descansar cinco minutos, pero sin tumbarse, con la cabeza en la pared para que la siesta no sea demasiado cómoda. Y rápido, muy rápido, toda la realidad vacía de la sala de estar desaparece. Dejo de oír el ruido monótono del ventilador. “Me he quedado dormido”, pienso, sorprendido por la extraña conciencia de mí mismo y el repentino silencio que abre las puertas del sueño. Se oyen voces. Es como el murmullo de un bar, una pequeña multitud que charla, pero sin que se pueda distinguir una sola palabra. No puedo reconocer el idioma en que hablan. Como acabo de cerrar los ojos en el sillón de la sala, deduzco que no es posible que me encuentre en ningún bar, tengo que estar soñando. Tampoco logro ver a nadie. ¿Qué sentido tiene permanecer en un bar con los ojos cerrados? Siento humo de tabaco y una presencia junto a mí, creo que alguien fuma a mi lado. La gente habla pero nadie me dirge la palabra ni me toca, así que quizás esté solo. Solo y ciego, o con los ojos cerrados, en un bar. Extraño juego sonámbulo para una tarde de verano.

Sueños II
Sueños II


Repentinamente la gente calla. Oigo el zumbido del ventilador y abro los ojos. Mantua Carpetanorum sive Matritum. Es el póster que intenta hacer que la pared grande de la sala se encuentre menos desnuda. Pero el efecto es el contrario. El póster es demasiado pequeño, y lo único que consigue es subrayar lo vacía que está la pared, lo blanca que es, lo vacía que está la sala. Lo vacía que está la casa.
Me voy a levantar a preparar un poco de café. “¿Qué hora será?”. El Pedro diligente no cesa de preocuparse por la intolerable licencia que se han tomado el Pedro vago y el Pedro físico. “Espero que no más tarde de las seis, o llegaré tarde”. Pero no, por favor, todavía no. Las piernas se resisten a entrar en acción. Sólo un momento más. “No te tumbes, o dormirás demasiado y llegarás tarde, anda, ve a hacer el café”. Pero no me levanto y cierro los ojos de nuevo. No dormiré. No me voy a quedar dormido. No. ¿O sí? ¿Estoy dormido en realidad? Ya no oigo el ventilador. Exactamente igual que hace un rato. No oigo nada. ¿O sí? ¿Qué es eso? Parecen unos niños que juegan. El hecho de que el ventilador haya enmudecido puede indicar que estoy ya inconsciente. Pero debería despertarme. Debería despertarme. Debería despertarme. Debería despertarme. Debería despertarme...

6 oct. 2009

Por los Viñedos del Wachau

Spitz, Baja Austria / Spitz, Lower Austria
Spitz, Baja Austria / Spitz, Lower Austria

En su camino hacia el mar, las aguas, con su permanente obsesión por circular ladera abajo, no escatiman ostentosos rodeos. Algunos ríos, como el Zújar, parecen notar de manera repentina que fluyen en la dirección equivocada y cambian súbitamente. Parece que temieran acabar encerrados en un lago interior salado y amargo, como el Volga o el Syr Darya. En otros casos, el rodeo está más justificado y parece obedecer a razones estéticas. Cerca de Melk, el Danubio, en lugar de avanzar en línea recta hacia Viena a través de Sankt Pölten, gira hacia el Norte, se estrecha sensiblemente y se abre camino entre los montes del Dunkelsteiner Wald. El valle que ocupa en su camino se llama Wachau y constituye uno de los paisajes más bellos de la somnolienta Baja Austria.
Si uno atiende a una lógica estricta, resulta claro que el Danubio penetra en este espléndido valle para poder ver los castillos y los viñedos, reflejar la abadía de Melk y la iglesia de Dürnstein, o fluir tranquilamente rozando Krems. Algún escéptico me dirá que el río ya pasaba por allí antes de que todo eso existiera, pero eso no es más que una cuestión cronológica y debe quedar en manos de historiadores y geólogos.

el Danubio en el Wachau, Baja Austria / The Danube along the Wachau Valley, Lower Austria
El Danubio en el Valle de Wachau, Baja Austria / The Danube along the Wachau Valley, Lower Austria

Los viñedos del Wachau son bellísimos, y descienden por las faldas de las montañas hasta casi la orilla del río. La visión de todas esas parras cargadas de brillantes uvas, en pleno corazón de Europa, resulta sorprendente para los ojos de un español como yo, que las asocia a las planicies secas de La Mancha o de Tierra de Barros. Estas viñas crecen junto a frondosos hayedos, y no hay ni rastro de las encinas que jalonan el Somontano, ni de los secos espartales de Cariñena.

uvas Grüner Veltliner/ Grüner Veltliner Grapes
Uvas Grüner Veltliner/ Grüner Veltliner Grapes

Todas estas magníficas viñas plantadas en líneas curvas que siguen la pendiente hasta caer al río, las torres de Spitz y de Weißenkirchen, la abadía de Göttweig al fondo... Las hayas que ya comienzan a enrojecer, herrumbrosas por el otoño. Casas solariegas elegantes con sus Heurigen, los castillos en ruinas, los barcos que navegan aguas arriba, hacia Linz, o aguas abajo, hacia Viena... Todos ellos dibujan un paisaje tan maravilloso que haría palidecer a Peñafiel, a Castilla entera y al mismísimo Duero.

Vinedos del Wachau, Baja Austria / Wachau wineyards, Lower Austria
Spitz, Baja Austria / Spitz, Lower Austria

Pero los veranos demasiado cortos, para dicha de hayas y fresnos, dejan un gusto ácido en el mosto. Un sabor delicioso para el Sturm, bebida espumosa y turbia a caballo entre el mosto y el vino, peligrosa por su sabor todavía dulce, pero con un contenido en alcohol ya superior al de la cerveza. Y peligrosa sobre todo porque se sirve, como mínimo, en temibles cuartos de litro. Mucho Sturm y un poco de pan de centeno, con salchichas, mostaza y Kren... Es Domingo, hace sol y tras la comida podemos dormir un poco sobre el prado, junto a las viñas, mientras los abejorros se afanan en recolectar el néctar de las últimas flores, antes de que empiece a hacer frío. Y después, para cenar, negro pan de centeno, Speck, queso ahumado y vino tinto, vino de Peñafiel, de la Ribera del Duero. Vino tinto oscuro y espeso, como la sangre.