16 ene. 2009

Florencia, Piazza della Signoria

Giambologna: Rapto de las Sabinas, en la Piazza della Signoria, Florencia
El Rapto de las Sabinas, de Giambologna

La Piazza della Signoria, en Florencia, es un lugar que tiene el poder de alterar profundamente la percepción del tiempo. Lo anula todo excepto a sí misma. Allí, la belleza de las estatuas hace enmudecer los sonidos del ambiente, y sólo queda el latir del propio corazón, como si fuera de noche y estuviéramos a punto de cruzar las puertas del sueño. Mientras contemplaba aquellas estatuas no podía oír a los miles de turistas que entre risas, murmullos y gritos hormigueaban a mi alrededor, ya no había nadie más que aquellos seres de piedra y yo, no sentía nada más que su presencia. El griterío de los jóvenes, los guías turísticos, los vendedores de baratijas, ya no existían. Tomé la cámara, y entonces, mirando a través del objetivo, sentí como si me sumergiera en el agua. Empecé a dar vueltas mirando cada uno de los pliegues de la piel de piedra, cada torso, cada mano... Aquello no podía ser mármol, era necesariamente carne humana viva y palpitante. Mientras yo rodeaba las estatuas, el Sol parecía caminar deprisa por el cielo, moviéndose a su alrededor para apreciarlas mejor. En su paseo, los rayos de luz se asemejaban a un caminante más en busca de la perspectiva perfecta. La luz avanzaba conmigo, acariciando con su tacto cálido a aquellos seres. Pasaron horas, y sólo entonces desperté el sueño, emergí de las aguas. Volví a sentir el ruido, los turistas, el vigilante pidiendo con su voz estridente que no tocara las estatuas.

Ammannati: Nettuno. Piazza della Signoria, Florencia
Fontana del Nettuno, de Ammannati, en Florencia

La más celebrada de las estatuas del maestro Giambologna se halla en esta plaza, es el Rapto de las Sabinas. Se trata de una maravillosa composición en espiral que parece estar integrada por cuerpos con vida, en movimiento, congelados instantáneamente por el dedo mágico de un fantástico fotógrafo tridimensional. El cuerpo del sabino, milagrosamente encogido de pánico, la hermosa sabina, aterrorizada, que se contorsiona intentando escapar de su raptor. Los brazos del romano aprisionan a la mujer, elevándola como si pesara poco más que un pájaro. La prodigiosa mano izquierda, que le cierne firmemente las caderas hunde incluso los dedos ligeramente en su carne petrificada. Y es difícil sustraerse a la tentación de poner las manos sobre aquel mármol, que se revela extrañamente pétreo, duro y frío. Y sólo entonces, al no sentir las palpitaciones del corazón, al notar el tacto muerto de la roca, aceptar que se trataba en realidad de piedra.

2 comentarios:

Lotusteich dijo...

Tu texto me hace querer visitar a esta ciudad, a ver sus monumentos. No entiendo porque solo raptaron a las Sabinas y dejaron los Sabinos en paz..... Aunque no me atrevería tocar las statuas, quizas tienen un hechizo y quienes las toquen, se convierten gradualmente en piedra....

magisma52 dijo...

Impresionantes las esculturas (y tus fotos, por supuesto). Quizá, junto con Bernini, las que más me han impresionado