22 ene. 2009

Hacia Montpellier

Vista del Massif des Maures, cerca de Saint-Tropez
Vista del Massif des Maures, cerca de Saint-Tropez

Mi destino: Montpellier antes de que caiga la noche. Aunque hacía poco que había dejado atrás el nudo con la autopista de Toulon, ya no podría llegar de día. Resignado, paré en un área de descanso cualquiera en la carretera de Aix, una de ésas que pertenecen a una cadena empeñada en ganar lo máximo posible ofreciendo el mínimo servicio. Café (soluble, ya fuera de la tierra del espresso) a 3,50 €; croissant, 4 €. Aquel lugar impersonal y decorado con colores chillones me irritaba. Bajé al aseo. Olía a lejía. En la puerta me sonrió una de las chicas del mantenimiento, como esperando quizás un furtivo rendez-vous en la soledad aquel sitio. Le devolví una sonrisa sin consecuencias y subí de nuevo a la barra del bar. Terminé mi café y salí un rato a estirar las piernas por el aparcamiento vacío. Faltaba una hora para la puesta de Sol, y las nubes rosadas, naranjas, malvas se enganchaban en las cimas escarpadas del Massif des Maures. Al otro lado de los montes estaba Saint-Tropez; y un poco más allá, Saint-Raphaël. Entre ellos, las carreteras estrechas y sombrías, cubiertas por las ramas retorcidas de los alcornoques, tendrían que esperar a la siguiente ocasión. Subí al coche y seguí conduciendo por la autopista, que relucía bajo la luz del ocaso inminente. Hacia el Norte se divisaba el Monte Sainte-Victoire que tantas veces pintó Cézanne desde su ventana, con sus moles doradas por aquella luz. Suspiré hondo y aceleré decepcionado. Hay algo peor que no viajar en absoluto, y es viajar con prisa.

That day I wanted to reach Montpellier before it would get too dark. It is generally not a great idea to enter a big unknown city in the night if you do not speak the native language... But I was still close to the crossroad of Toulon, in the way to Aix, and this meant that it was already too late. Hungry and tired, I stopped at a service station, one of these committed to get as much money from the customers as it would be possible. The colours of the room were annoying, the music was annoying. The waiter was annoying, but what to do, that´s France. I went down to the lavatory, where a service girl stared at me and smiled as if she was expecting something, maybe a fast rendez-vous in that sordid, lonely place. I smiled to her and soon went back to the counter, to sip my cup (instant coffee, espresso time is over!). I paid and went out for a short walk. In front of me, the Massif des Maures hid Saint-Tropez and Saint-Raphaël, with its brown peaks and the deep dark forests of cork oaks. „It will have to wait for the next time“. Soon I was in the car again, driving West to Aix, thinking of Saint-Tropez and its colours, thinking also of Monte Sainte-Victoire, whose white limestones were burning in bright orange under the sunset sky, just some kilometres northwards of me. I thought of Cézanne and his beloved mountain, and said to myself „there is only something worse than not travelling at all: to be in a hurry“.