10 dic. 2009

Los Puentes sobre el Danubio. Budapest II

Budapest, Puente de la Libertad
Budapest, Puente de la Libertad, I.

Durante muchos años, y hasta la independencia de las jóvenes Repúblicas Bálticas, Hungría ostentó el triste récord de tener la tasa de suicidios más alta de Europa: 36,1 personas por cada 100.000 habitantes. La mayoría de quienes deciden poner fin a su vida son hombres de edad madura.

For many years, and until the young Baltic Republics first appeared, Hungary hold a sad record: it was the country of Europe with the highest suicide rate. 36.1 persons in 100,000 decided each year to finish with their lives. Most of them were middle-aged men.

Budapest, Puente de la Libertad
Budapest, Puente de la Libertad, II.

¿Por qué están tristes los húngaros? ¿Qué hace que en este pequeño país se quiten la vida cuatro veces más personas al año que, por ejemplo, en España?

Why are the Hungarians so sad? Why is the suicide rate of Hungary four times bigger than that of, for example, Spain?

Budapest, Puente de la Libertad
Budapest, Puente de la Libertad, III.

Puede que los húngaros no estén tristes en absoluto. Puede que Hungría sea, en realidad, el país más sincero de Europa. El lugar donde más gente desengañada, triste, hastiada, sola, traicionada, o simplemente sin fuerzas para seguir adelante vea claro que el viaje no tiene rumbo, que el camino no lleva a nada.

Si las brújulas no marcan el norte, si todo lo que ocurre nos acerca cada día un poco más a la nada gris y macilenta... ¿Para qué seguir? No seré yo quien conteste a esto, Albert Camus ya nos enseñó la respuesta.


It could well be that the Hungarians were not sad at all. What if they were the most sincere people of Europe? Hungary may be the place where most of those who were ever betrayed, or left alone, the place where most of the sad, the persons who could not cope with life anymore really saw that there is no goal at the end of the way. What if the compass does not point to the North? What to do then? How to continue with all this? I am not going to answer, Albert Camus taught us already the truth.

8 dic. 2009

Zapatos en el Muelle del Danubio Ж Shoes on the Danube Promenade

Budapest, Zapatos en el Muelle del Danubio
Budapest, Zapatos en el Muelle del Danubio, I

Caminando a lo largo del muelle de Pest, entre el Puente de las Cadenas y el Parlamento, es posible ver un pequeño monumento singular por su belleza y su elocuencia. La primera vez que llegué a él fue completamente por casualidad, ya que no figura en ninguna guía. Justo en el borde del muelle, entre los bolardos, se extiende una hilera de sesenta pares de zapatos de hierro colado. Botas de hombre, zapatos de tacón, botines, incluso zapatitos de niño... Ordenados y perfectamente dispuestos en pares, como si sus dueños se los hubieran quitado para darse un breve baño. Parecen de tela y cuero reales, pero su tacto duro y helado hace sentir un escalofrío de inquietud.

If you happen to walk along the Pest Quay, between the Parliament and the Chain Bridge, you will find an enigmatic and discrete monument, remarkable for its eloquence. Just on the border of the quay, facing the Danube, a row of 60 cast iron shoe pairs mimic the exact appearance of true shoes. They seem to be made of real leather, but their rigid hardness conveys a deep concern.

Budapest, Zapatos en el Muelle del Danubio
Budapest, Zapatos en el Muelle del Danubio, II

Esta escultura de Gyula Pauer y Can Togay se colocó aquí en 2005 para conmemorar los 60 años del asesinato de ciudadanos inocentes durante la Segunda Guerra Mundial. Entre 1944 y 1945 cientos de personas fueron conducidas a las orillas del Danubio por paramilitares del Nyilaskeresztes Párt, el Partido de la Cruz Flechada, donde se les asesinaba de un tiro por la espalda. Los cadáveres caían al río y eran después arrastrados por la corriente. Aquellas personas eran en su mayoría, o podrían haber sido, judíos. Daba igual su edad, su condición, o su absoluta inocencia. Asesinados por nada y para nada, víctimas de un odio total y telúrico, ciego y vacío que envenenó Europa durante aquellos tiempos.

This sculpture by Gyula Pauer and Can Togay was placed here in 2005. Its aim is to commemorate the 60th anniversary of the assassination of innocent civilians in Second World War Budapest. In 1944-45, the Nyilaskeresztes Párt (Arrow Cross) militia men shot hundreds of men, women and children into the Danube, just because they were, or were supposed to be, Jewish. They were victims of the terror wave that devastated Central Europe during those terrible years.

Budapest, Zapatos en el Muelle del Danubio
Budapest, Zapatos en el Muelle del Danubio, III

Mientras contemplo los zapatos, unas jóvenes turistas, bellas y bien arregladas, se acercan caminando por el muelle. Hablan en voz alta y ríen entre ellas. Son eslovacas, o checas, y han venido a Budapest a pasar un fin de semana alegre antes de las Navidades. Cuando descubren los zapatos de hierro gorgean con sorpresa palabras incomprensibles para mí y una de ellas, fascinada, se descalza y desliza su pequeño pie en un botín de tacón alto que se encuentra junto a ella. Una de sus amigas la fotografía. Dentro de unas horas, esas fotos serán mostradas a otras personas, que sonriendo, sentirán quizás envidia del divertido fin de semana. Ninguna de las tres jóvenes lee las placas que se encuentran detrás de ellas, y que rezan, en hebreo, inglés y húngaro:

While I watch the iron shoes, three young and pretty girls come up. They speak in loud voice, laughing and making jokes in a language that I cannot understand. They are Czechs, or Slovaks, and when they discover the shoes one of them, totally fascinated, removes one of her trainers and slips her foot in a lady shoe, smiling to one of the friends who makes photos of the scene. None of them has noticed the three plaques that lay behind:

“To the memory of the victims
shot into the Danube
by Arrow Cross militiamen
in 1944-45.
Erected in April, 2005”



9 nov. 2009

El Tiempo

Madrid a cámara lenta
Madrid vista a cámara lenta: Calle de Alcalá a finales de Noviembre

Ayer fui testigo de un acontecimiento extraordinario. El reloj del salpicadero de mi coche se ha puesto súbitamente en funcionamiento tras diez años de paro total. Eternamente detenido a las ocho, o al menos eso creía yo, hasta que ayer me percaté de que marcaba las siete y veinte... Luego las siete y media... Y así sigue hoy. Estoy demasiado sobrecogido como para intentar ponerlo en hora: temo que vuelva a pararse. Además, antes de siquiera tocarlo me gustaría saber qué tipo de tiempo marca. ¿El ordinario? ¿Cuánto dura una hora para mi nuevo reloj?

Nunca puse interés en repararlo cuando no funcionaba. De alguna manera, me parecía romántico tener un reloj parado frente a mí. Así dentro de mi coche serían las ocho eternamente. A las ocho cenamos, o quedamos con algún amigo. A las ocho se pone el sol, a las ocho no hay quien circule por Madrid. Creo que me pareció una hora conveniente y por eso nunca toqué sus manecillas un tanto polvorientas.

¿Por qué se paró a las ocho? Intento hacer memoria, y pensar qué cosas pueden haber ocurrido a esa hora... O quizás más importante: ¿por qué ha vuelto súbitamente a andar? Temo que la naturaleza del tiempo que vivo se vea afectada. Y no sólo cuando esé dentro del coche. ¿Pasará mi vida ahora más rápido? Porque no puedo imaginar que sea posible que transcurra más lenta.

Desde ayer me siento de alguna manera distinto. Creo que es hora de vivir a otro ritmo.

15 oct. 2009

Sueños de verano

Sueños
Sueños I

Me pongo el cojín pequeño detrás de la cabeza para que el gotelé de la pared no me haga daño en la coronilla y cierro un momento los ojos. Estoy cansado, pero hay aún tantas cosas que hacer... “Debería levantarme ahora mismo”, dice el Pedro diligente al lado vago de Pedro. “Siempre estás igual, dices que cinco minutos y al final es una hora”. Hace un calor asfixiante que el ventilador no logra aplacar. “Sólo una siesta de cinco minutos”. El vago se rebela momentáneamente, y como el diligente también está agotado, esa personalidad coral y caótica que es el Pedro físico llega a un súbito acuerdo interno: descansar cinco minutos, pero sin tumbarse, con la cabeza en la pared para que la siesta no sea demasiado cómoda. Y rápido, muy rápido, toda la realidad vacía de la sala de estar desaparece. Dejo de oír el ruido monótono del ventilador. “Me he quedado dormido”, pienso, sorprendido por la extraña conciencia de mí mismo y el repentino silencio que abre las puertas del sueño. Se oyen voces. Es como el murmullo de un bar, una pequeña multitud que charla, pero sin que se pueda distinguir una sola palabra. No puedo reconocer el idioma en que hablan. Como acabo de cerrar los ojos en el sillón de la sala, deduzco que no es posible que me encuentre en ningún bar, tengo que estar soñando. Tampoco logro ver a nadie. ¿Qué sentido tiene permanecer en un bar con los ojos cerrados? Siento humo de tabaco y una presencia junto a mí, creo que alguien fuma a mi lado. La gente habla pero nadie me dirge la palabra ni me toca, así que quizás esté solo. Solo y ciego, o con los ojos cerrados, en un bar. Extraño juego sonámbulo para una tarde de verano.

Sueños II
Sueños II


Repentinamente la gente calla. Oigo el zumbido del ventilador y abro los ojos. Mantua Carpetanorum sive Matritum. Es el póster que intenta hacer que la pared grande de la sala se encuentre menos desnuda. Pero el efecto es el contrario. El póster es demasiado pequeño, y lo único que consigue es subrayar lo vacía que está la pared, lo blanca que es, lo vacía que está la sala. Lo vacía que está la casa.
Me voy a levantar a preparar un poco de café. “¿Qué hora será?”. El Pedro diligente no cesa de preocuparse por la intolerable licencia que se han tomado el Pedro vago y el Pedro físico. “Espero que no más tarde de las seis, o llegaré tarde”. Pero no, por favor, todavía no. Las piernas se resisten a entrar en acción. Sólo un momento más. “No te tumbes, o dormirás demasiado y llegarás tarde, anda, ve a hacer el café”. Pero no me levanto y cierro los ojos de nuevo. No dormiré. No me voy a quedar dormido. No. ¿O sí? ¿Estoy dormido en realidad? Ya no oigo el ventilador. Exactamente igual que hace un rato. No oigo nada. ¿O sí? ¿Qué es eso? Parecen unos niños que juegan. El hecho de que el ventilador haya enmudecido puede indicar que estoy ya inconsciente. Pero debería despertarme. Debería despertarme. Debería despertarme. Debería despertarme. Debería despertarme...

6 oct. 2009

Por los Viñedos del Wachau

Spitz, Baja Austria / Spitz, Lower Austria
Spitz, Baja Austria / Spitz, Lower Austria

En su camino hacia el mar, las aguas, con su permanente obsesión por circular ladera abajo, no escatiman ostentosos rodeos. Algunos ríos, como el Zújar, parecen notar de manera repentina que fluyen en la dirección equivocada y cambian súbitamente. Parece que temieran acabar encerrados en un lago interior salado y amargo, como el Volga o el Syr Darya. En otros casos, el rodeo está más justificado y parece obedecer a razones estéticas. Cerca de Melk, el Danubio, en lugar de avanzar en línea recta hacia Viena a través de Sankt Pölten, gira hacia el Norte, se estrecha sensiblemente y se abre camino entre los montes del Dunkelsteiner Wald. El valle que ocupa en su camino se llama Wachau y constituye uno de los paisajes más bellos de la somnolienta Baja Austria.
Si uno atiende a una lógica estricta, resulta claro que el Danubio penetra en este espléndido valle para poder ver los castillos y los viñedos, reflejar la abadía de Melk y la iglesia de Dürnstein, o fluir tranquilamente rozando Krems. Algún escéptico me dirá que el río ya pasaba por allí antes de que todo eso existiera, pero eso no es más que una cuestión cronológica y debe quedar en manos de historiadores y geólogos.

el Danubio en el Wachau, Baja Austria / The Danube along the Wachau Valley, Lower Austria
El Danubio en el Valle de Wachau, Baja Austria / The Danube along the Wachau Valley, Lower Austria

Los viñedos del Wachau son bellísimos, y descienden por las faldas de las montañas hasta casi la orilla del río. La visión de todas esas parras cargadas de brillantes uvas, en pleno corazón de Europa, resulta sorprendente para los ojos de un español como yo, que las asocia a las planicies secas de La Mancha o de Tierra de Barros. Estas viñas crecen junto a frondosos hayedos, y no hay ni rastro de las encinas que jalonan el Somontano, ni de los secos espartales de Cariñena.

uvas Grüner Veltliner/ Grüner Veltliner Grapes
Uvas Grüner Veltliner/ Grüner Veltliner Grapes

Todas estas magníficas viñas plantadas en líneas curvas que siguen la pendiente hasta caer al río, las torres de Spitz y de Weißenkirchen, la abadía de Göttweig al fondo... Las hayas que ya comienzan a enrojecer, herrumbrosas por el otoño. Casas solariegas elegantes con sus Heurigen, los castillos en ruinas, los barcos que navegan aguas arriba, hacia Linz, o aguas abajo, hacia Viena... Todos ellos dibujan un paisaje tan maravilloso que haría palidecer a Peñafiel, a Castilla entera y al mismísimo Duero.

Vinedos del Wachau, Baja Austria / Wachau wineyards, Lower Austria
Spitz, Baja Austria / Spitz, Lower Austria

Pero los veranos demasiado cortos, para dicha de hayas y fresnos, dejan un gusto ácido en el mosto. Un sabor delicioso para el Sturm, bebida espumosa y turbia a caballo entre el mosto y el vino, peligrosa por su sabor todavía dulce, pero con un contenido en alcohol ya superior al de la cerveza. Y peligrosa sobre todo porque se sirve, como mínimo, en temibles cuartos de litro. Mucho Sturm y un poco de pan de centeno, con salchichas, mostaza y Kren... Es Domingo, hace sol y tras la comida podemos dormir un poco sobre el prado, junto a las viñas, mientras los abejorros se afanan en recolectar el néctar de las últimas flores, antes de que empiece a hacer frío. Y después, para cenar, negro pan de centeno, Speck, queso ahumado y vino tinto, vino de Peñafiel, de la Ribera del Duero. Vino tinto oscuro y espeso, como la sangre.

20 mar. 2009

Tod und Verklärung [Muerte y Transfiguración]

Iglesia de San Martín, Belchite
Iglesia de San Martín

Belchite me recibió aquel día con un atardecer brillante, luminoso y magnífico, como hecho para ser cantado por un poeta. Estoy seguro de que un cielo así inspiró a Josef von Eichendorff el hermoso poema Im Abendrot [Al Atardecer], que cien años más tarde tomó Richard Strauss como texto para una de sus bellísimas Vier Letze Lieder [Cuatro Últimas Canciones].


________O weiter, stiller Friede! _______Oh inmensa y tranquila paz!
________So tief im Abendrot, _________ En el fondo del crepúsculo,
________wie sind wir wandermüde - ____cómo nos ha cansado el camino...
________ist dies etwa der Tod? ________Será esto quizás la muerte?


Iglesia de San Martín, Belchite
Iglesia de San Martín

Allí encontré quizás esa muerte a la que aludía el poeta en su canción, esa paz crepuscular que llega tras un camino agotador y lleno de espinas. Las ruinas muertas de aquel pueblo yacían envueltas en el silencio del olvido y bañadas por la más bella luz. Aquel espectáculo se había repetido incontables veces en los últimos setenta años, tan sólo para algún caminante accidental y para los estorninos, los nuevos dueños del lugar.

Calle Mayor, Belchite
Fachada derruida de la Calle Mayor, en el Pueblo Viejo de Belchite

Eichendorff no visitó nunca Belchite, es más, probablemente ni siquiera habría sido capaz de pronunciar correctamente el nombre del pueblo. Sin embargo, tiene más que ver con él de lo que podría parecer en un principio. Las ciudades en las que vivió y trabajó el poeta, como el Belchite Viejo, ya no existen, son sólo sombras, torres y tumbas que se elevan en medio de un mundo que no es el que las alumbró. Breslau, Königsberg, Neisse ya no son las ciudades prusianas de antaño, son Wrocław, Kaliningrad, Nysa... Prusia no es más que un país del pasado. Belchite, sin embargo, ha dejado de ser una ciudad... Se ha transfigurado en un símbolo, en una sensación, un estado de ánimo. Dentro de poco tiempo las últimas memorias vivas del Belchite Viejo morirán, y entonces, como Prusia, pasará a ser una mera página de libro de historia. De una historia triste que la mayoría no conoce y muchos desean olvidar. Ojalá no lo hagan.

Casa en ruinas, Belchite
Una casa destruida. Al fondo, se adivinan las nieves de la Sierra del Moncayo

23 feb. 2009

Belchite, 1937-2009, II

Imaginando Belchite sin el bombardeo de 1937/ Imagining Belchite without the bombings of 1937
Cómo sería Belchite si el bombardeo de 1937 no hubiera ocurrido? / What would Belchite be like without the bombings of 1937?

Ayer, cuando colgué el anterior fotomontaje de Belchite, fui víctima de mí mismo. Fantasmas en color vagan por un mundo en ruinas en blanco y negro... Tal vez por el deseo inconsciente de que toda esa gente que caminaba por las calles hubiera estado en realidad allí, y que las ruinas fueran imaginarias. Pero no es así, sino al revés, y por eso dejo aquí esta otra fotografía: las ruinas reales de aquel día soleado de invierno pobladas por espectros sombríos que ya no existen.

The other day I uploaded a photomontage of a real city reduced to rubble, in black and white, and fictitious people walking around in colour. I suppose that unconsciously I was expressing the desire that the city was not in ruins and the people was real... But it is exactly the other way round: black and white ghosts that walk along destroyed streets, real, in colour.

17 feb. 2009

Belchite, 1937 - 2009

Imaginando Belchite sin el bombardeo de 1937/ Imagining Belchite without the bombings of 1937
Cómo sería Belchite si el bombardeo de 1937 no hubiera ocurrido? / What would Belchite be like without the bombings of 1937?


Desde aquel día claro y frío de invierno en que lo visité, Belchite no ha dejado de estar presente dentro de mí. Como si fuera la melodía que silbo al ir de acá para allá, o al ducharme, aquel pueblo me persigue, está detrás de mis párpados. Un momento vacío en la mente, y sus torres laceradas, sus arcos derruidos, sus calles desiertas aparecen de repente, como si clamaran por un espacio más grande en la memoria. Cuando puse el pie por primera vez en sus calles, una tarde de Sábado luminosa y tranquila con aquella luz dorada bañándolo todo, supe que pasaría. Fuera a donde fuera, aquello viajaría conmigo para siempre.

Belchite es un lugar con una profunda capacidad para conmover. Es paradójico que un pueblo aragonés yazca olvidado, abandonado por la vida... Cuando debería bullir, con niños chillones correteando el sábado por la tarde mientras el Sol ̶ y sus madres ̶ lo permitan. La vida, al menos la vida humana, parece haberse esfumado de allí. Y una vez idos todos, otras vidas reclaman el lugar para sí. Los estorninos revolotean indolentes, como si bajo ellos no hubiera más que trigales, y los grises sisallos se comen poco a poco los montones de escombros. Aunque es Diciembre, unos radiantes cerrajones amarillos florecen aún entre las piedras, como si celebraran que la vida es hermosa y justa.

Me encuentro frente a la iglesia de San Martín, sobrecogido por el silencio, que es como un grito. La calle principal tiene muchas fachadas intactas, y desde ella y a través de las rejas de los balcones se ve el cielo azul, porque los edificios que se guardaban tras aquellas fachadas hace tiempo que se derrumbaron. Postes eléctricos sin cables. Las paredes se inclinan sobre la calle, pues una vez desaparecido el techo, los tabiques son como pétalos de amapola que no tardan en caer. Camino por la antigua Calle Mayor y soy incapaz de imaginar las bombas, los disparos, los gritos, las explosiones. Tan sólo puedo apretar los ojos e imaginar la lluvia del invierno, y el ruido de pasos apresurados... No puedo imaginar la muerte, pero sí la vida, los ruidos cotidianos de aquellos que vivieron allí, y que hoy ya no existen.

Since that cold and bright winter day, I cannot get Belchite out of my head. It is like one of these tunes that manage to come to one´s lips and escape unnoticed. And as if I was whistling a song, the images of Belchite appear behind my eyelids when I close my eyes and think about nothing for a moment. It simply comes, with its ruined towers, bombed cupolas, broken arches... With its immense silence. When I saw that place for the first time, I knew that this vision would remain deep inside me for the rest of my life. Simply moving, touching, bewildering, painful, peaceful, beautiful. Paradoxical, because it should be bursting with human life and it is nevertheless totally empty. As humans were removed or left the ruined village, the others, I mean other forms of life conquered the place, claiming the land for themselves. The black starlings fly around as if there was nothing but wheat below them. The bushes from the surrounding steppes grow on the rubble, covering it with their tiny grey leaves. Walking along the main street (calle Mayor), from San Martín church to San Agustín, I try to imagine these days, the bombings, the end of the city in the middle of the Spanish Civil War. But I cannot. I cannot imagine the bombs, the blood, all that people killed. I just cannot imagine all that suffering. I can only think: What would Belchite be like if it had not been bombed in 1937?

24 ene. 2009

Montpellier

paseo por la Rue de la Blottière, Montpellier / Strolling along Rue de la Blottière
De paseo por la Rue de la Blottière / Going for a stroll at Rue de la Blottière

Montpellier es como una chica a los veinte años, que sin tener ningún rasgo especial, es sin embargo bella y encantadora. Es la más moderna de las ciudades del Midi francés, ya que sus orígenes no son griegos (como los de Niza) ni romanos (el caso de Toulouse), sino medievales. La historia de la ciudad es complicada: independiente, más tarde posesión aragonesa y luego mallorquina, Montpellier pasó a manos del rey de Francia en 1349, cuando Jaime III el Temerario la vendió para financiar la guerra contra la Corona de Aragón. La guerra se perdió, con ella, el reino de Mallorca... Y Montpellier se quedó, desde entonces, para siempre en la France.

The city of Montpellier is somehow like a 20-year-old girl who being not particularly pretty, looks fresh and beautiful. It is the most modern big city of the French Midi, as its origin is medieval and not Greek (like Nice), or Roman (like Toulouse). The history of the city is quite complicated: it has been independent, then Aragonese, and later even belonged to the Kingdom of Majorca. Id did not come to be a part of France until 1349, when James III of Majorca sold it to the king of France to raise funds for the war against Aragon. The war turned out to be his end, and Montpellier became French ever since.

hojas de loto muertas en el Jardin des Plantes / Dead lotus leaves at the Jardin des Plantes, Montpellier
Hojas de loto muertas en el Jardin des Plantes / Dead Lotus leaves at the Jardin des Plantes

El casco viejo de Montpellier es laberíntico, y perderse entre sus estrechas calles de piedra blanca es todo un placer. Está lleno de rincones sorprendentes, bares, cafés y tiendas de todo tipo; y aunque carece de monumentos singulares (las iglesias de Saint-Roch y Sainte-Anne, o la catedral de Saint-Pierre no tienen ningún interés), la atmósfera es tan multicolor y animada que bien merece la pena una visita. Tres calles canalizan la vida urbana, la Rue Foch, la Rue de la Loge y la Rue Saint-Guilhem, las dos últimas por suerte peatonales. Y cómo no, en el corazón palpitante de la ciudad la hermosa Place de la Comédie (Plaza de la Comedia), presidida por la ópera – teatro y por terrazas de cafés elegantes, siempre soleadas, siempre llenas. Es el lugar ideal para mirar cómo pasa la gente, de paseo hacia la Rue Saint-Guilhem, o de compras hacia los mercadillos del Champ de Mars. Para un refresco en verano, o para un vin chaud en invierno, no hay lugar mejor en la ciudad. Montpellier es una ciudad de estudiantes llena de alegría, en cuya antiquísima universidad estudiaron Auguste Comte, Paul Valéry, Rabelais, Petrarca o el mismísimo Nostradamus. El Jardin des Plantes (Jardín Botánico) alberga una de las colecciones de plantas más importantes de Europa, y fue hogar de clásicos de la talla de Pierre Magnol, en cuyo honor Linneo nombró el género de árboles Magnolia.

The old city of Montpellier is a labyrinth. Even though the main churches are almost completely uninteresting (only the Saint Peter´s Cathedral is somewhat awkward), it is a pleasure to get lost in the narrow streets, surrounded by shops, fashionable cafés, and beautiful white houses. The main streets are the Rue Foch, the Rue de la Loge and the Rue Saint-Guilhem, the latter two ones fortunately pedestrian. The heart of the city life is a beautiful large square called Place de la Comédie, always sunny and crowded. Some illustrious inhabitants of Montpellier were Comte, Valéry, the Italian Petrarca, or Nostradamus. The Jardin des Plantes (Botanical Garden) houses one of the most important plant collections of Europe, and was home for important figures such as Pierre Magnol, to whom the name Magnolia (tulip tree) is dedicated.

ventilador olvidado en la basura, Montpellier / forgotten electric fan, Montpellier
En invierno, olvidamos la utilidad de ciertos enseres / Forgotten electric fan

Para un café con vistas, el mejor es el Grand Café Riche, aunque es mejor evitarlo si se tiene prisa. Por la tarde, el Café de la Mer tiene un ambiente interesante e íntimo. Y un consejo: jamás, nunca jamás vayan a Montpellier en coche. Será su pesadilla.

If you want to have a coffee and watch the people go by, then go to the Grand Café Riche (but not if you are in a hurry!). For something more intimate try the Café de la Mer. And something important: if you happen to go to Montpellier, never ever do it by car. It will be your nightmare.

Información turística en: http://sp.montpellier.fr/1470-turismo.htm
Tourist information at: http://us.montpellier.fr/10-accueil.htm

22 ene. 2009

Hacia Montpellier

Vista del Massif des Maures, cerca de Saint-Tropez
Vista del Massif des Maures, cerca de Saint-Tropez

Mi destino: Montpellier antes de que caiga la noche. Aunque hacía poco que había dejado atrás el nudo con la autopista de Toulon, ya no podría llegar de día. Resignado, paré en un área de descanso cualquiera en la carretera de Aix, una de ésas que pertenecen a una cadena empeñada en ganar lo máximo posible ofreciendo el mínimo servicio. Café (soluble, ya fuera de la tierra del espresso) a 3,50 €; croissant, 4 €. Aquel lugar impersonal y decorado con colores chillones me irritaba. Bajé al aseo. Olía a lejía. En la puerta me sonrió una de las chicas del mantenimiento, como esperando quizás un furtivo rendez-vous en la soledad aquel sitio. Le devolví una sonrisa sin consecuencias y subí de nuevo a la barra del bar. Terminé mi café y salí un rato a estirar las piernas por el aparcamiento vacío. Faltaba una hora para la puesta de Sol, y las nubes rosadas, naranjas, malvas se enganchaban en las cimas escarpadas del Massif des Maures. Al otro lado de los montes estaba Saint-Tropez; y un poco más allá, Saint-Raphaël. Entre ellos, las carreteras estrechas y sombrías, cubiertas por las ramas retorcidas de los alcornoques, tendrían que esperar a la siguiente ocasión. Subí al coche y seguí conduciendo por la autopista, que relucía bajo la luz del ocaso inminente. Hacia el Norte se divisaba el Monte Sainte-Victoire que tantas veces pintó Cézanne desde su ventana, con sus moles doradas por aquella luz. Suspiré hondo y aceleré decepcionado. Hay algo peor que no viajar en absoluto, y es viajar con prisa.

That day I wanted to reach Montpellier before it would get too dark. It is generally not a great idea to enter a big unknown city in the night if you do not speak the native language... But I was still close to the crossroad of Toulon, in the way to Aix, and this meant that it was already too late. Hungry and tired, I stopped at a service station, one of these committed to get as much money from the customers as it would be possible. The colours of the room were annoying, the music was annoying. The waiter was annoying, but what to do, that´s France. I went down to the lavatory, where a service girl stared at me and smiled as if she was expecting something, maybe a fast rendez-vous in that sordid, lonely place. I smiled to her and soon went back to the counter, to sip my cup (instant coffee, espresso time is over!). I paid and went out for a short walk. In front of me, the Massif des Maures hid Saint-Tropez and Saint-Raphaël, with its brown peaks and the deep dark forests of cork oaks. „It will have to wait for the next time“. Soon I was in the car again, driving West to Aix, thinking of Saint-Tropez and its colours, thinking also of Monte Sainte-Victoire, whose white limestones were burning in bright orange under the sunset sky, just some kilometres northwards of me. I thought of Cézanne and his beloved mountain, and said to myself „there is only something worse than not travelling at all: to be in a hurry“.

16 ene. 2009

Florencia, Piazza della Signoria

Giambologna: Rapto de las Sabinas, en la Piazza della Signoria, Florencia
El Rapto de las Sabinas, de Giambologna

La Piazza della Signoria, en Florencia, es un lugar que tiene el poder de alterar profundamente la percepción del tiempo. Lo anula todo excepto a sí misma. Allí, la belleza de las estatuas hace enmudecer los sonidos del ambiente, y sólo queda el latir del propio corazón, como si fuera de noche y estuviéramos a punto de cruzar las puertas del sueño. Mientras contemplaba aquellas estatuas no podía oír a los miles de turistas que entre risas, murmullos y gritos hormigueaban a mi alrededor, ya no había nadie más que aquellos seres de piedra y yo, no sentía nada más que su presencia. El griterío de los jóvenes, los guías turísticos, los vendedores de baratijas, ya no existían. Tomé la cámara, y entonces, mirando a través del objetivo, sentí como si me sumergiera en el agua. Empecé a dar vueltas mirando cada uno de los pliegues de la piel de piedra, cada torso, cada mano... Aquello no podía ser mármol, era necesariamente carne humana viva y palpitante. Mientras yo rodeaba las estatuas, el Sol parecía caminar deprisa por el cielo, moviéndose a su alrededor para apreciarlas mejor. En su paseo, los rayos de luz se asemejaban a un caminante más en busca de la perspectiva perfecta. La luz avanzaba conmigo, acariciando con su tacto cálido a aquellos seres. Pasaron horas, y sólo entonces desperté el sueño, emergí de las aguas. Volví a sentir el ruido, los turistas, el vigilante pidiendo con su voz estridente que no tocara las estatuas.

Ammannati: Nettuno. Piazza della Signoria, Florencia
Fontana del Nettuno, de Ammannati, en Florencia

La más celebrada de las estatuas del maestro Giambologna se halla en esta plaza, es el Rapto de las Sabinas. Se trata de una maravillosa composición en espiral que parece estar integrada por cuerpos con vida, en movimiento, congelados instantáneamente por el dedo mágico de un fantástico fotógrafo tridimensional. El cuerpo del sabino, milagrosamente encogido de pánico, la hermosa sabina, aterrorizada, que se contorsiona intentando escapar de su raptor. Los brazos del romano aprisionan a la mujer, elevándola como si pesara poco más que un pájaro. La prodigiosa mano izquierda, que le cierne firmemente las caderas hunde incluso los dedos ligeramente en su carne petrificada. Y es difícil sustraerse a la tentación de poner las manos sobre aquel mármol, que se revela extrañamente pétreo, duro y frío. Y sólo entonces, al no sentir las palpitaciones del corazón, al notar el tacto muerto de la roca, aceptar que se trataba en realidad de piedra.

14 ene. 2009

El río Arno

Vista del río Arno, Florencia
Lungarno degli Acciaioli, con el Ponte Santa Trinità al fondo

El río Arno nace en los Apeninos, y en su camino hacia el Mar Mediterráneo discurre por ciudades como Arezzo, Florencia y Pisa. El nombre de este río evoca maravillas del arte y grandes luces de la historia: Botticelli, Giotto, Miguel Ángel, Dante, Brunelleschi y Galileo Galilei vivieron a sus orillas y dieron lo mejor de sí mismos bajo el gobierno de la familia Medici. No me cansaré nunca de contemplar el río desde el Piazzale Michelangelo, en Florencia, pasando silencioso en la distancia bajo el Ponte Vecchio. Al atardecer empieza un espectáculo: las luces del día comienzan a extinguirse en la noche y el río se vuelve naranja, rosa, azul topacio y finalmente negro, a la vez que los edificios terrosos de Florencia comienzan lentamente a iluminarse. Pero no todo es amabilidad en este río. Su caprichosa corriente tiene un carácter torrencial, y con las lluvias de los Apeninos su flujo puede alcanzar tal intensidad, que puede suponer una amenaza mayor incluso que la extinta República de Génova y su beligerancia contra los toscanos. Un ejemplo de ello fue la riada de Noviembre de 1966, que supuso pérdidas incalculables para la ciudad. Los paseos que discurren a las orillas de éste y muchos otros ríos impredecibles son angostos y están protegidos de las aguas por altos muros. Lungarno es la palabra italiana que designa estos angostos paseos en Florencia y en Pisa; en esta fotografía se ve el Lungarno degli Acciaioli con el Ponte Santa Trinità al fondo. Este mes de Diciembre las copiosas lluvias han llenado de fuerza las corrientes del Arno, y Florencia mira con recelo el nivel de las aguas, anormalmente alto. Los troncos y desechos se acumulan en la base de los puentes, como se puede ver a la izquierda.

cruzando el Ponte della Trinità, Florencia / crossing the Trinità Bridge, Florence
Cruzando el Ponte della Trinità, en Florencia / Crossing Florence´s Holy Trinity Bridge

The river Arno has its sources in the Appenines. In its way down to the Mediterranean sea it flows through Arezzo, Florence and Pisa. The name of this river evokes the great glory of the Tuscan Middle Ages and Renaissance, with figures such as Cimabue, Boticcelli, Giotto, Michelangelo, Dante, Brunelleschi or Galileo Galilei, who lived and worked in Florence under the government of the Medici family. The view of the Arno river from Piazzale Michelangelo, near San Miniato is breathtaking. With the descent of the Sun in the sky, the river magically turns to pink, orange, topaz blue and finally black like the evening sky. Simultaneously, the earth-coloured city starts to bright in the night, with two highlighted jewels in its skyline: Santa Maria del Fiore and the Ponte Vecchio. But the river is far away from being a harmless flow. The autumn rains in the Appenines may produce great increases of water level, and also floods. The floods of November, 1966 provide a dramatic example of the destructive power of the otherwise peaceful and calm Arno. To protect themselves against water, the Tuscans have built up high walls along the river, called Lungarni. This photo was taken in December 2008, when continuous and intense rains made the Florentine and Pisans look at their river with worry. It shows the Lungarno degli Acciaioli with the Ponte Santa Trinità at the back. Note the tree trunks and debris which have accumulated at the bridge base.