1 nov. 2008

Los violines del Café Florian







Es la hora del café, o por lo menos lo es para mí, y las cafeterías de la Piazza San Marco hacen sonar música, supongo que con el fin de atraer a los clientes. Música en directo, normalmente un piano o un cuarteto de cuerda vestidos de negro riguroso, con músicos de tez oscura y grandes bigotes que intercambian sonrisas un tanto forzadas por las que asoman dientes blancos y brillantes. Bajo las Pocuratie Nuove, en el Café Quadri, unos músicos de calidad dudosa aporrean una parodia para cuarteto de cuerda de Non, je ne regrette rien, mientras los dos únicos clientes de la terraza sorben su carísimo café. Por fin, los músicos callan y sólo el amarillo estridente de las sillas y manteles de la terraza perturba el relativo silencio. Pero es por poco tiempo. En unos minutos el ataque a los nervios de la concurrencia continúa: desde el Grand Café un chirriante violín perfora mis tímpanos al son de Johann Strauß y su Frühlingsstimmen. Pronto se une a la batalla sonora el Florian, con un no menos chirriante Kaiserwalzer. Por el empeño que ponen los músicos, y por la solemnidad del palio de organza made in China, tengo que suponer que este ritual se realiza cada día con el fin de humillar la memoria del invasor austríaco, expulsado del Véneto hace ya casi 150 años. Pero ni siquiera esta estridencia saca a los turistas de su sonriente sonambulismo. Da igual lo que se toque, terrazas y cafés permanecen tan vacíos como llenas están las tavole d´acqua alta, que pese a la prohibición expresa, sirven a la vez de mesa y silla improvisadas a los siempre hambrientos turistas americanos.

It is 15:30, coffee time. Or at least my coffee time, and the music from the cafés around Piazza San Marco starts to fill the air. Live performance from the Café Florian, with dark-skinned, black-bearded violin players exchanging unnatural smiles from behind massive moustaches. After some tuning they start a string quartet version of Edith Piafs Non, je ne regrette rien, no doubt intended to perforate the crowd´s eardrums. A sonorous battle between the Café Quadri and the Grand Café starts. The Café Quadri attacks first, with a shrill version of Johann Strauss´Frühlingstimmen which crashes with an even shrillier Kaiserwalzer coming from the Grand Café. Regardless of the music, the weather or the quality of the coffee, the terraces remain as empty as full are the tavole d´acqua alta, bursting with hungry Americans finishing up their pizza slices and hot dogs.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Por lo visto a las que no ahuyentan los violines son a las palomas de la plaza, ¡claro! no toman café, ni falta que les hace. De todas maneras me gustaría haber estado allí contigo. besos.

Lotusteich dijo...

Invasor austriaco, expulsado del Veneto? Tal vez es la venganza de la historia, que ahora miles de austriacos vuelven a la serenissima.Ya he ido a Venecia 6 veces, pero nunca he visto las "Tavole de aqua alta". Así Venecia siempre tiene cosas nuevas para descubrir. Las fotos son estupendas!!!!! Felicitaciones!

Anónimo dijo...

Auch wenn ich gerne die bärtigen Violinspieler gesehen hätte, diese Fotos sind der absolute Hammer! Großartig! Ich will mehr!!!!!!!