18 oct. 2008

Música II




La música es un ser misterioso y fascinante. Y los músicos son sus sumos sacerdotes. Siempre he admirado a aquellos que son capaces de tomar un instrumento musical y hacer brotar de él música, quizás por mi manifiesta incapacidad de arrancarles algo mejor que chirridos. Y aunque los sonidos más bellos los producen las cuerdas y las maderas, los intrumentos más hermosos son sin duda alguna los metales. Su brillo refulgente, los reflejos de su superficie, sus hermosas curvas, los hacen fascinantes. Y si al metal le acompaña un hermoso uniforme, el cuadro es ya irresistible. Estéticamente irresistible, quiero decir. Y precisamente a eso fui a aquel lugar, una bella localidad del norte de Austria llamada Retz, situada a los pies de Bohemia. Las fiestas del municipio fueron agradablemente amenizadas por varias bandas de música. Los músicos, chicos y chicas del pueblo, hombres, mujeres y algún anciano, desfilaban disciplinadamente por las calles y la Rathausplatz, al ritmo de viejas marchas de la época del imperio. Muchas caras hermosas, uniformes impecables, y una música divertida y chispeante en honor de la calabaza, uno de los productos típicos del pueblo cuya cosecha era el motivo de celebración. Si alguna vez pasan por el Waldviertel, camino de Bohemia, no dejen de hacer una parada para visitar esta encantadora localidad.

1 comentarios:

Lotusteich dijo...

Has olvidado mencionar los bailarines con "Lederhosen" (pantalones de cuero) que bailaban tapandose sus patas al ritmo del bandeón.... Que bonita la foto, que bueno el Photoshop!